La gente que me rodea no entiende eso de las revelaciones en mi vida, la mayoría piensa que es algo así como un presentimiento o como que adivino el futuro y esas cosas, pero no, es algo más profundo, es un "chispazo" de conocimiento interior; algo que se me presenta de pronto, un descubrimiento de algo importante en mi vida, pero siempre hacia el centro, hacia mi interior. Mi amiga la Maga no termina de entender qué es eso, cómo es que experimento una revelación, cuando le cuento se queda sin decir palabras, sólo me escucha y después termina diciendo "vieja loca", pero respeta, eso sí, lo cual le agradezco porque reviento por contárselo a alguien; lo único que sabe es que es muy importante para mí y que viene un cambio, una transformación en mí, buena o mala; dolorosa o placentera.
Sólo hay una persona que yo conozco que ha expermentado lo mismo que yo, una amiga a la que quiero mucho y que está igual de loca, pero ella llega a lo mismo por diferentes caminos, a través de un trabajo espiritual; yo no, a mí me viene de repente, quién sabe por qué, pero están ahí de vez en cuando; a veces siento tanta belleza que no la aguanto, que me sobrepasa, eso es maravilloso; otras siento un dolor atroz, enloquecedor, aunque en ello hay algo de bello, pues descubro que algo tiene que morir o acabar, no importa que duela.
Hoy fue un día de esos en los que siento que estoy en otra parte, que alguien me puso en un lugar determinado, a una hora determinada, con ciertas personas, pero que mi esencia no está ahí. En la mañana, cuando mis pensamientos y mi alma son vírgenes, me topé con una persona que en un momento fue muy importante para mí. Desde lejos visualicé su silueta y lo reconocí, a mí nunca se me olvidan los rostros, claro que han pasado tantos años que lo vi muy viejo, acabado. Yo casi paso como un fantasma, pero creo que sintió mi mirada y se detuvo como asustado a saludarme. Me dijo las mismas palabras de siempre: ¿Cómo has estado? ¿Qué has hecho? ¿Todavía vives donde mismo? ¿Ya te casaste? Yo no pregunté nada, supe de inmediato que no era feliz, que algo muy pesado estaba sobre su ser y que se había resignado a eso; soy muy sensible a ciertas personas, a veces veo en ellas cosas que ni ellas mismas saben; tampoco sé por qué, pero lo percibo y casi siempre resulta ser cierto; yo creo que porque esas personas están conectadas conmigo de alguna manera, aunque sólo las haya visto una sola vez. Y es que en el mundo hay muchas fuerzas y espíritus comunes, es increíble cómo a veces platicas con alguien sólo unos minutos y sientes que has hablado con ella toda la vida, o puede suceder lo contrario, toda la vida conviviendo con alguien que muy apenas si conoces. Total, que le dio gusto verme, y realmente sé que fue así, aunque su rostro no lo expresara, quizá fuera por su cansancio de tanto vivir. Me dediqué a observarlo más que a hablar, tenía una belleza extraña, con su montón de arrugas gruesas, sus ojos caídos y sus manos con manchitas que reflejaban su edad; ya no era la persona fuerte y decidida que conocí; se veía tan débil que tuve unas ganas incontrolables de abrazarlo, pero me contuve, hubiera sido una ofensa para él, sólo lo tomé del brazo y me despedí, él se quedó mirándome un rato sin moverse, pues cuando me alejé, miré hacia atrás y me estaba viendo en la misma posición en que lo dejé; fue ahí cuando tuve la primera revelación del día, la cual no se completó hasta que sucedieron las otras.
En la tarde, ya en casa, recibí una llamada; también era una persona a la que no veía hace tiempo, pero esta vez era alguien muy desagradable, aaah, grité en silencio ¿por qué me pasa esto a mí? De cundo en cuando me despegaba el teléfono de la oreja, su voz me penetraba de una manera tan odiosa que era muy difícil para mí prestarle atención a sus palabras, entendía más el sonido que el contenido, hasta que me dijo: "¿y todavía sigues igual, así de enojona?" ¿Igual? Pensé, qué quiere decir con eso, no, pues no, no soy igual y en parte sí lo soy, qué pregunta tan tonta, solté un risita de fastidio, de esas que sirven para ocultar la frase: "chingas a tu puta madre". No sé cómo, pero colgué el teléfono unos minutos después de eso. Fue la segunda revelación.
Una característica que tengo, es que soy demasiado curiosa, siempre quiero saber; me desespero si no encuentro, si no aprendo algo nuevo, sí, trato de alcanzar el conocimiento, como si fuera extrictamente necesario para vivir, pero a veces es mejor no saber, el acercarte tanto a una verdad es peligroso, nunca sabes lo que podrás encontrar y somos tan diminutos en este mundo que con culquier cosa sentimos la enormidad, esa que te dice con una cachetada majestuosa que no eres la octava maravilla del planeta. Leí y leí, entre más lo hacía me iba identificando tanto con las situaciones que creí por un momento que leía y escribía mi biografía o que me estaban pasando en ese momento todas esas cosas juntas. Menos mal que soy tan distraída que de pronto se me ocurrió buscar otra cosa, una inquietud banal comparada con la anterior, pero fue en esa pendejada donde encontre la imagen, la que me hizo pedazos, algo tan simple, esas sonrisas de antaño, esas otras vidas que no conozco pero que son de mí desde ese momento y para siempre, sin poder evitarlo, ella, él, ya están en mi conciencia y no me gusta, no los quiero. En ese momento comprendí todo; tantas imágenes del pasado, de lo que pudo ser, del pasado de otras personas, de ese sabor a tierra cuando vi la imagen, con esa oquedad tan mía ya.
Estancamiento, pensé. Sí, tal vez sea mi sensación de no moverme, de ver pasar, de irme a un rinconcito, eso. Aunque mi amiga Zaira diga que yo hago muchas cosas y que he logrado mucho, no es así; una cosa es siempre andar en chinga, y otra cosa es hacer algo importante; lo importante puede ser tan simple, nada complejo. Ah qué intensidad, voy de prisa, pero no puedo moverme. Si he de ser práctica, debo empezar ya, no esperar más tiempo, es el momento.
Entre toda esta confusión y desesperación, siento en el fondo una pequeña felicidad que no puedo nombrar ni platicar. Sólo puedo expresar que es un viaje en tren, como en otra época, y regreso y ahí está y es mía y nadie la siente por mí.








