jueves 4 de febrero de 2010

Día de revelaciones

La gente que me rodea no entiende eso de las revelaciones en mi vida, la mayoría piensa que es algo así como un presentimiento o como que adivino el futuro y esas cosas, pero no, es algo más profundo, es un "chispazo" de conocimiento interior; algo que se me presenta de pronto, un descubrimiento de algo importante en mi vida, pero siempre hacia el centro, hacia mi interior. Mi amiga la Maga no termina de entender qué es eso, cómo es que experimento una revelación, cuando le cuento se queda sin decir palabras, sólo me escucha y después termina diciendo "vieja loca", pero respeta, eso sí, lo cual le agradezco porque reviento por contárselo a alguien; lo único que sabe es que es muy importante para mí y que viene un cambio, una transformación en mí, buena o mala; dolorosa o placentera.
Sólo hay una persona que yo conozco que ha expermentado lo mismo que yo, una amiga a la que quiero mucho y que está igual de loca, pero ella llega a lo mismo por diferentes caminos, a través de un trabajo espiritual; yo no, a mí me viene de repente, quién sabe por qué, pero están ahí de vez en cuando; a veces siento tanta belleza que no la aguanto, que me sobrepasa, eso es maravilloso; otras siento un dolor atroz, enloquecedor, aunque en ello hay algo de bello, pues descubro que algo tiene que morir o acabar, no importa que duela.
Hoy fue un día de esos en los que siento que estoy en otra parte, que alguien me puso en un lugar determinado, a una hora determinada, con ciertas personas, pero que mi esencia no está ahí. En la mañana, cuando mis pensamientos y mi alma son vírgenes, me topé con una persona que en un momento fue muy importante para mí. Desde lejos visualicé su silueta y lo reconocí, a mí nunca se me olvidan los rostros, claro que han pasado tantos años que lo vi muy viejo, acabado. Yo casi paso como un fantasma, pero creo que sintió mi mirada y se detuvo como asustado a saludarme. Me dijo las mismas palabras de siempre: ¿Cómo has estado? ¿Qué has hecho? ¿Todavía vives donde mismo? ¿Ya te casaste? Yo no pregunté nada, supe de inmediato que no era feliz, que algo muy pesado estaba sobre su ser y que se había resignado a eso; soy muy sensible a ciertas personas, a veces veo en ellas cosas que ni ellas mismas saben; tampoco sé por qué, pero lo percibo y casi siempre resulta ser cierto; yo creo que porque esas personas están conectadas conmigo de alguna manera, aunque sólo las haya visto una sola vez. Y es que en el mundo hay muchas fuerzas y espíritus comunes, es increíble cómo a veces platicas con alguien sólo unos minutos y sientes que has hablado con ella toda la vida, o puede suceder lo contrario, toda la vida conviviendo con alguien que muy apenas si conoces. Total, que le dio gusto verme, y realmente sé que fue así, aunque su rostro no lo expresara, quizá fuera por su cansancio de tanto vivir. Me dediqué a observarlo más que a hablar, tenía una belleza extraña, con su montón de arrugas gruesas, sus ojos caídos y sus manos con manchitas que reflejaban su edad; ya no era la persona fuerte y decidida que conocí; se veía tan débil que tuve unas ganas incontrolables de abrazarlo, pero me contuve, hubiera sido una ofensa para él, sólo lo tomé del brazo y me despedí, él se quedó mirándome un rato sin moverse, pues cuando me alejé, miré hacia atrás y me estaba viendo en la misma posición en que lo dejé; fue ahí cuando tuve la primera revelación del día, la cual no se completó hasta que sucedieron las otras.
En la tarde, ya en casa, recibí una llamada; también era una persona a la que no veía hace tiempo, pero esta vez era alguien muy desagradable, aaah, grité en silencio ¿por qué me pasa esto a mí? De cundo en cuando me despegaba el teléfono de la oreja, su voz me penetraba de una manera tan odiosa que era muy difícil para mí prestarle atención a sus palabras, entendía más el sonido que el contenido, hasta que me dijo: "¿y todavía sigues igual, así de enojona?" ¿Igual? Pensé, qué quiere decir con eso, no, pues no, no soy igual y en parte sí lo soy, qué pregunta tan tonta, solté un risita de fastidio, de esas que sirven para ocultar la frase: "chingas a tu puta madre". No sé cómo, pero colgué el teléfono unos minutos después de eso. Fue la segunda revelación.
Una característica que tengo, es que soy demasiado curiosa, siempre quiero saber; me desespero si no encuentro, si no aprendo algo nuevo, sí, trato de alcanzar el conocimiento, como si fuera extrictamente necesario para vivir, pero a veces es mejor no saber, el acercarte tanto a una verdad es peligroso, nunca sabes lo que podrás encontrar y somos tan diminutos en este mundo que con culquier cosa sentimos la enormidad, esa que te dice con una cachetada majestuosa que no eres la octava maravilla del planeta. Leí y leí, entre más lo hacía me iba identificando tanto con las situaciones que creí por un momento que leía y escribía mi biografía o que me estaban pasando en ese momento todas esas cosas juntas. Menos mal que soy tan distraída que de pronto se me ocurrió buscar otra cosa, una inquietud banal comparada con la anterior, pero fue en esa pendejada donde encontre la imagen, la que me hizo pedazos, algo tan simple, esas sonrisas de antaño, esas otras vidas que no conozco pero que son de mí desde ese momento y para siempre, sin poder evitarlo, ella, él, ya están en mi conciencia y no me gusta, no los quiero. En ese momento comprendí todo; tantas imágenes del pasado, de lo que pudo ser, del pasado de otras personas, de ese sabor a tierra cuando vi la imagen, con esa oquedad tan mía ya.
Estancamiento, pensé. Sí, tal vez sea mi sensación de no moverme, de ver pasar, de irme a un rinconcito, eso. Aunque mi amiga Zaira diga que yo hago muchas cosas y que he logrado mucho, no es así; una cosa es siempre andar en chinga, y otra cosa es hacer algo importante; lo importante puede ser tan simple, nada complejo. Ah qué intensidad, voy de prisa, pero no puedo moverme. Si he de ser práctica, debo empezar ya, no esperar más tiempo, es el momento.
Entre toda esta confusión y desesperación, siento en el fondo una pequeña felicidad que no puedo nombrar ni platicar. Sólo puedo expresar que es un viaje en tren, como en otra época, y regreso y ahí está y es mía y nadie la siente por mí.

lunes 1 de febrero de 2010

Espinas en el cielo


sábado 23 de enero de 2010

Registro del cielo





En estos días he tenido mucho trabajo, casi no he salido de la casa, llevo más de un mes, desde antes de navidad. Por esa razón, he dejado de hacer muchas cosas de las que me gustan, como leer, escribir y tomar fotos. Sin oportunidad de irme a un lugar chido para tomar fotos o de perdido vagar por las calles sin rumbo a ver qué me encuentro para fotografiarlo, decidí registrar mi cielo, es decir, el que veo cada cuando abro la puerta de mi casa. Entonces ya tengo muchísimas fotos de ese panorama en diferentes días, horas y climas. He aquí una muestra.
Con esto me doy cuenta que cada día es diferente, incluso cada minuto del día, es increíble cómo cambia todo en un momento. Me pasaba que veía el cielo y a los cinco minutos ya estaba diferente, las nubes tenían otra posición, el color era diferente, etc. Qué hermoso es nuestro mundo y qué sabio, a veces no nos detenemos en ver todo lo bello que hay a nuestro alrededor.







miércoles 13 de enero de 2010


Llueve hacia el cielo
déjame las gotas de dolor
mójame lento
haz que se junten mis sentidos en el grito.
Llueve hacia el cielo
.................hacia el fuego
...........................hacia el viento
.....................................hacia adentro
Muy dentro.

lunes 7 de diciembre de 2009

Una de tantas huídas











Desde que abrí los ojos respiré esa sensación de que todo tenía que ser diferente, de que cada minuto que pasara en el día tenía que ser sólo para mí y de nadie más.
Me levanté temblando de frío, ya era un poco tarde, así que no tenía tiempo para calentarme un poco antes de meterme a bañar. Me puse las sandalias de baño y abrí la llave de la regadera, así, con esa frialdad tan violenta. Mientras salía el agua caliente, miré mi rostro en el espejo, estaba limpio, inocente, hice unas cuantas muecas y me metí al chorro de agua, el frío me calaba hasta los huesos después, el pequeño cuarto se llenó de humo, entonces no quería salir de ahí. Sin pensarlo, ya estaba secando mi cuerpo y de nuevo estuve frente al espejo, lo limpié con la mano y volví a mirame; ya me había purificado, yo misma me veía cristalina, con un sin fin de colores transparentes.
Me vestí rápido y salí corriendo, llovía fuerte, a como pude crucé la avenida y después el estacionamiento del supermercado, tomé el autobús rumbo a mi trabajo. Me recargué en la ventana, las calles, las tiendas, los árboles se presentaban como la secuencia del tren de la película de Reygadas, donde se acerca al clímax. Mi desesperación aumentaba. Entré al parque. Para llegar a la oficina tengo que caminar un tramo bastante largo, mis pasos eran fuertes y firmes. Por fin entro, dejando el paraguas en la entrada para no mojar el piso; registro la hora de entrada y subo las ecaleras aprisa para no saludar a nadie.
No me sentía bien, mi jefe me llamó para que fuera a trabajar a la Fototeca; respiré aliviada. De pronto se me ocurrió pedirle que si terminaba el trabajo podía irme temprano, aceptó y ya me fui más contenta.
Al terminar el trabajo, salí rápidamente del parque, tomé un taxi directo a la Central de Autobuses; quería irme, pero no sabía a dónde, tampoco traía mucho dinero ni ropa para quedarme a dormir en algún lugar, además al día siguiente tenía que ir a trabajar. Me dirigí hasta la última sala de la Central, donde se venden los boletos de los autobuses amarillos y azules. Me paré en el mostrador, el señor que atendía me preguntó "¿a dónde quiere ir?" Vacilante, y viendo los letreros de salidas, le contesté: "A Santiago, voy a Santiago".
Santiago, Nuevo León, no está muy lejos de la ciudad de Monterrey, sólo se toma la Carretera Nacional y ya de ahí se llega pronto. Hay atracciones que ya son paseos obligados para un regiomontano como la Presa de la Boca, antes de llegar están Los Cavazos, más arriba La Laguna de Sánchez, Matacanes, etc., pero con la lluvia y mi condición de solitaria, no me quedaba más que ir al centro del municipio, darme una vuelta por la plaza principal y visitar su iglesia.
El autobús donde me subí iba a General Terán, así que tuve que bajarme sobre la Carretera Nacional y caminar y camianar para llegar a la plaza. Había dejado de llover, a mitad de camino, recibí un rayo de sol, abrí toda la cortina azul del autobús, cerré los ojos y disfruté en mi cara esa hermosa luminosidad que el día nublado me regalaba, al dar la vuelta ese rayito se había esfumado del cielo, pero mis manos y mi rostro todavía estaban tibios de sol.
Casi no había gente en las calles, olía a humedad, yo caminaba buscando la plaza, ya había recorrido bastante y no encontraba nada. Vi a una viejita que apenas si podía caminar, la miré, me pareció muy bonita, pensé que si vivía en un lugar tranquilo podía llegar a esa edad todavía con mucha fortaleza, y me dieron ganas de vivir ahí.
Algunas calles del centro histórico están empedradas y las banquetas son altas. Me topé con una carnicería, en la etrada había un camión en donde se transportaba la carne, un señor muy blanco subía trozos de carne muy pesados, sus mejillas estaban totalmente rojas. Me acerqué a él y le pregunté dónde quedaba la plaza principal. Con una amabilidad que me alegró, me orientó, todavía me faltaba mucho para llegar. Antes de irme, me pregunta: "¿de dónde vienes muchacha, por qué andas por acá con tanto frío?" "A conocer, sólo a conocer". Y me volvió a decir por dónde me tenía que ir, ahí me di cuenta que le faltaban dos dedos de la mano derecha.
Cuando me detuve en la plaza, con tisteza vi que estaba en restauración, de pronto pensé que tenía muy mala suerte; la lluvia, un lugar sin gente en las calles y la plaza en restauración llena de lodo. Sin embargo, esa sensación desapareció convirtiéndose en lo contrario.
Entré a la iglesia de Santiago Apóstol construida en 1741 la primera vez, después fue derrumbada y vuelta a construir en 1801, es de estilo colonial de un color amarillo claro. Adentro estaba oscuro, no había nadie, me senté en medio de la fila de bancas; me gusta mucho la paz de las iglesias y el crujir de las bancas, escuchar que el silencio murmura entre la altura de sus techos. Vi el hermoso órgano color ocre de la parte de arriba, me quedé meditando y descansando un poco, también lloré muy quedito para que no se oyera el eco de mi llanto.
Al salir, me detuve en un árbol y lo contemplé un momento, luego caminé por una calle empedarada hasta dar con el mirador desde donde se puede ver la Presa de la Boca; ese día sólo se veía la neblina, todo el cielo blanquecino como si estuviera ciego. También ahí me quedé un buen rato sintiendo el aire frío, respirando los árboles, oliéndolos. Bajé y me metí al Museo de Historia, que había sido el Palacio Municipal. En realidad, estaba muy pequeño y casi no había nada interesante, pero platiqué con la señora que trabajaba ahí, después del largo interrogatorio de por qué estaba ahí sola en un día de lluvia, si cuando está "bueno el clima era tan bonito"... Me contó que en una casona de enfrente, hoy Casa de la Cultura, había un túnel que iba a dar al Colegio que está a un lado de la iglesia y que lo usaron como salida en tiempos de guerra, también me dijo en qué lugar debía tomar el autobús de regreso sin tener que caminar tanto; "si aquí pasa enfrente de la plaza..." Lo que me dio más risa es que me aconsejó ir de vez en cuando en días soleados, así podía conseguir un esposo blanco, con ojos verdes como ella lo hizo en su juventud.
A un lado de la Casa de la Cultura había una pastelería. Me metí, pedí un café moka y un pay de manzana, el lugar estaba caliente, sentí delicioso ese calor, pues estaba tan helada, que ya hasta traía las manos moradas. Comí despacio, prolongando el tiempo para no irme. Después de un rato me dirigí a tomar el camión de regreso; estaba casi vacío, poco a poco se fue llenando en las paradas de pueblos vecinos, me recosté y le dije adiós a Santiago.







martes 18 de noviembre de 2008

Sueños

Tuve cuatro días para pensar y desprenderme de mi yo rutinario. La verdad es que es un alivio tomarse un descanso, así simplemente, tumbarse en la cama, escuchar música y sentir cada parte de tu cuerpo que te grita que está viva.
En estos días estuve largo tiempo con mi familia, la disfruté muchísimo, también salí con amigos; fui a un lugar que hace mucho no iba y pensé que no importa el lugar sino la compañía (gracias a las personas que estuvieron conmigo).
Pero lo más importante es que me encontré con mi yo, ese que en realidad me pertenece. Descubrí a mis miedos en su desnudez total, reconocí mis pocas virtudes, aunque algunas no he logrado sacarlas todavía, y sobre todo, soñé. Creo que si no imaginamos constantemente corremos el riesgo de morir en todo ese caos de sombras, gritos, mentiras, injusticias, inmundicias en el que vivimos.
Soñar lo cambia todo; con los sueños podemos modificar los acontecimientos cotidianos y construir felicidades y, por lo tanto, vivir.
Hoy saldré a sentir el aire fresco y construiré mi felicidad.

martes 24 de junio de 2008

Odia Ofeimun

Acabo de descubrir a un poeta, ahí va uno de sus textos.

Poema Bantu

Hemos viajado lejos
en las entrañas del tiempo
con pies de millones de años
abatiendo las venas de las montañas,
sosteniendo valles contra mares de arena
que todavía persiguen la fértil cima
de nuestra tierra. Preguntamos
como el primer pájaro volando sobre el agua
pregunta a las olas por la sal
Preguntamos, nosotros que viajamos,
¿cuándo llegaremos?

¿Cuándo,
llegando de donde salimos?
renovamos nuestros ojos en frescas leyendas
para las tormentas de arena que cubren las nubes
donde no hay lluvia que empape las arenas ardientes
Preguntamos: nosotros que hemos cruzado golfos y acantilados
buscando siempre grandes mesetas
y mayores libertades para encontrar el cielo más grande
bajo cuyo sol nuestros brazos se abren
para abrazar el sueño más grande
preguntamos: nosotros que viajamos
¿cuándo llegaremos?

¿Cuándo acogeremos el cálido
regreso a casa? Nosotros
que hemos seguido el rastro eterno
–orgullo de los uBantu– desde la costa de Guinea
y los tantos ríos debidos
al Futa Jallon y al Kilimanjaro,
nosotros que hemos unido los grandes flujos de las eras–
el Nilo y el Níger
el Zambezi, el Mjolozi y el Congo
Nosotros que hemos seguido al antiguo conocedor
que pidió sitio para la danza
antes de que ellos levantaran sus pies
Nosotros no deseamos ofender la tierra
en cuyo pecho debemos descansar,
Preguntamos: ¿cómo llegaremos?
¿cuáles vientos
...................cuáles silbidos
......................................cuáles canciones?
¿Cuáles flautas, las sonajas, los fuetes
cuáles banquetas
para llevar a nuestros guías a la arboleda
donde los ancestros de todos los climas
todos los clanes y las naciones a la vez
juntaron su sangre con el juramento
de la esencia de la tierra?

Nosotros que viajamos: en nuestras muchas idas
Yynuestros regresos sin fin
preguntamos: ¿cuándo llegaremos?
donde el mundo comienza
en la palma de la mano
donde los conocedores desearon que terminara
con el lirismo puro del grito de amor de la mujer
encrestando la vacilante virilidad de la soledad
para juntar a todos los niños bajo el sol,
en un solo pecho, una canción de muchas voces
atravesando desde el centro de la tierra
hasta la estrella más lejana.

Copiado de la revista de poesía Alforja, número 41
Traducción de María Baranda

Odia Ofeimun, poeta y ensayista nigeriano (1950), líder político y periodista de su país. La verdad, el sufrimiento de su pueblo y la libertad son constantes es su poesía. Para él la poesía es un medio maravilloso para transgredir al mundo; la pureza del lenguaje, su belleza es la voz que habla para la sociedad.