domingo, 12 de septiembre de 2010

De cómo los pájaros aparecieron

Se tapó con la sábana hasta la cabeza, no quería ver la luz; un rato más, había implorado, un rato más, por favor. Apretó los ojos unos minutos, luego, los abrió de pronto, lentamente bajó la sábana hasta descubrirlos. Boca arriba, lo que veía eran los árboles viejos de su patio a través de la ventana, los rayos fuertes del sol le calaban un poco, se detuvo en un pájaro que andaba volando por ahí y que se paraba de vez en cuando, ya sea en la ventana o en las hojas de los árboles; ella también quería volar y pararse donde le diera la gana. Por eso, había puesto su cama justo pegada a la ventana, para tener un despertar placentero, agarrándose de lo exterior, boca arriba.

Había sucedido un cambio, de esos que no sabes exactamente qué es, pero que tienes la seguridad de que es algo grande. Sentía en la entrepierna una humedad tibia, con un dolorcillo raro que no podía distinguir. No se atrevía a pararse; su vientre inflamado le asustaba, pensó que ya era hora de purificarse, luego de ello convertirse en otra cosa de lo que había sido hasta ahora. Guerrera, era la palabra, así nombraba a esa extraña humedad mezclada con dolor, impaciencia, desconocimiento, sorpresa e histeria silenciosa. Todo tiene un nombre, solía decir, entonces las sensaciones deben ser nombradas, así permanecerán en el registro de nuestra memoria; porque para ella los sentimientos básicos: alegría, risa, llanto, enojo, tristeza, etc tienen un sin fin de matices, englobar un sentimiento en una categoría tan genérica es absurdo e imposible, entonces identificaba cada sensación, incluso cada minuto de todo acontecimiento, con un nombre que representaba algo. Y era cierto, no podía llamarse de otra manera.

Guerrera llegó a temprana edad, eso creyó ella porque su confusión y enojo no la dejaban ver, pero en realidad fue tan precisa su aparición, que de inmediato se dio cuenta de la perfección que hay en el cuerpo humano. Antes, no lo hubiera notado jamás, ella, que se miraba frente a un espejo y pasaba horas ideando cómo esconder ciertas deformidades que habían aparecido sin poder evitarlo, tenía la certeza de que su cuerpo no era el más inteligente que digamos y mucho menos que respondiera a sus necesidades, pues nunca se comportaba de acuerdo a lo que su pensamiento le dictaba, como si fuera una persona que no puede caminar y que su deseo más grande fuera correr.

Seguía sin levantarse, estaba tranquila, a pesar de todo, protegida, con su humedad sólo-suya y las sábanas caparazón. Como una choque violento, alguien abrió la puerta, los habitantes de su estómago brincaron de susto. ¿Todavía no te levantas? Ándale, ya, rapidito, que tienes que hacerme de almorzar, ¿no ves que tu mamá no está? Hombre, muy buena que eres pa perder el tiempo, te quiero levantada ya, eeh ya. El tronar de los dedos le hizo dar un suspiro fuerte y decisivo. Hizo a un lado las sábanas, la tibia humedad dolor era roja, de sangre lucha, que bajó en un fluir de desobediencia, de rebeldía. Sonrió, sabía que ya nadie le iba a despojar de nada, que cuando volviera a escuchar que alguien le gritara como aquella interrupción, no se iba a quedar callada; ya era mujer-fuerza, volteó a la ventana y ahí estaba su pájaro esperando al viento que lo empujara para emprender el vuelo. Lo reconoció, asintió con la cabeza y se metió a bañar.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Querer


Sólo quiero que mi ciudad vuelva a ser la de antes; donde se pueda dar paseos tranquilamente, volver a los tiempos en que las noches se volvían fiestas por donde quiera y no pasaba nada. En mi niñez solíamos jugar en las calles si necesidad de vivir en una colonia privada; todos los niños andábamos afuera de lo más contentos; recuerdo que se oía el griterio toda la tarde y parte de la noche, hasta que nuestras mamás nos hablaban para cenar. Ahora simplemente no se puede dejar a un niño solo.
En qué momento se convirtió todo en una guerra, en un miedo terrible y, lo peor, en un aconstumbrarse a la violencia, a las muertes, a sentirse afortunados porque no nos tocó un bloqueo o una balacera. A veces pienso en irme muy lejos, a otro país, pero temo por mi familia, por los que quiero, y se me hace cobarde huir, sin importarme nada, además, me gusta mi país, es bello y tiene mucha riqueza. Creo que como ciudadanos tenemos que luchar de alguna manera contra lo que está pasando, por lo menos lograr que respiremos tranquilos y que a las futuras generaciones no les toque vivir esto, para que puedan tener una infancia igual a la que muchos de nosotros vivimos.

jueves, 2 de septiembre de 2010

El Ángel de Germán Dehesa



Hoy a las 18:35 horas murió el escritor Germán Dehesa, después de que la semana pasada anunciara en su columna que estaba enfermo de cáncer. Hasta el anuncio de su muerte lo hizo con humor, así como siempre fue él. En esta semana algunos amigos y yo estuvimos platicando de él, de las veces que lo habíamos visto en conferencias, de la forma tan amena y crítica de su escritura, y deseábamos que se recuperara. Al parecer le diagnosticaron que viviría hasta fin de año, pero se nos adelantó. "Ahí me los encontraré. Mañana nos vemos" dijo en su columna, y sí, para allá vamos tarde o temprano.
Vamos a extrañar leerlo. Descanse en Paz

miércoles, 4 de agosto de 2010

Mis pájaros

Tengo ganas de escribir y escribir, pero no sé el rumbo que puedan tener mis palabras, ahora no me importa eso; en este momento mando al carajo toda regla garamatical y de estructura de un texto, sólo quiero que las palabras me lleven, que me sirvan de catarsis, sólo quiero palparlas, construirlas y sentirlas como un dulce en la boca de un niño después de haber llorado, que me ponga los labios rojos y que me ayude a sacar los mocos del llanto.
Es raro, pero soy de las personas que hacen valer su palabra, soy fuerte y creo en todo lo que pienso y mis actos son congruentes con ello; pero mi otra yo es toda sensibilidad, quizá un tanto extrema y es en ella donde me escondo o ella se esconde en mi cuerpo, aún no lo sé. Tengo el grito escondido, una tempestad alocada y estrepitosa que revuelve mi corazón, mi cerebro y hasta mis tripas; quizá por eso lloro todo el tiempo, con qué facilidad me salen las lágrimas, a veces no lo puedo controlar, yo sé que es de tanto callar.
Quisiera que mi pensamiento tuviera una fuerza tal que llegara hacia esa persona. A veces imagino que cuando despierto en las mañanas con su imagen, mi mente viaja y se apodera de todo su ser y le llega todos esos deseos, sonrisas e historias.
¿Habrá alguna teoría científica que indique que el pensamiento viaja o que es posible que cuando una persona piense en alguien le llegue de alguna manera ese pensamiento? Según yo no es posible, pues el pensamiento es nuestra libertad. Pero me gustaría tanto que se pudiera; que yo con sólo sentir o pensar le regalara mi alma a otra persona, que se diera cuenta, sin necesidad de decirlo.
Increíblemente, soy más de lo que no expreso, que lo que muestro a los demás. Soy esa persona silenciosa que le encantan los paseos en días lluviosos. Mis pasos en la lluvia son mágicos, el agua fría en mi piel limpia mi alma y la fotalece; sonrío cuando quedan esas gotas de humedad y sale el sol. Soy esa loca que se despierta los domingos a ver el amanecer y lleva un registro de los colores y texturas del cielo.
Si tan sólo pudieras sentir en tu piel la intensidad de mis deseos, no tendrías más pasión que esperar el canto de mis pájaros, mensajeros de mi cuerpo. No dejarías pasar el momento preciso en que mi fruto cae hacia ti y te ofrece el elíxir del sueño. En mis ojos verás que puedo desnudarte, tocarte, descubrirte, amarte, al ponerme frente a ti sin decir ni una palabra, sin emitir ningún sonido.
Eso que esperas, llegará en forma de un cuervo, negro brillante, cuando estés dispuesto a morir, entonces estaré ahí para recibirte y regalarte esta historia.

viernes, 18 de junio de 2010

Adiós, José Saramago

Ayer en la madrugada me puse a leer, tenía esa desesperación por encontrar algo en eso que es mi mundo y, claro, recurrí a mi adorado Rimbaud, a su libro Una temporada en el infierno. Precisamente mi atención se posó el el poema "Adiós", en donde el poeta se ve obligado a dejar eso que es él, su esencia como escritor, y maldice al mundo. Hoy en la mañana me entero que nos ha dejado un escritor que sin duda, así como Rimbaud, ha estado conmigo en toda esta locura mía, en mi pensamiento, en mi mundo, en mi verbo. Y sé que será parte de la vida de muchos lectores como yo. Quizá presenti tu muerte, José.
Mañana mi amiga Maga y yo le enviaremos una postal al lugar donde lo enterrarán. Sé que por algunas extraña razón se dará cuenta de ello, es como juntar almas y cuando se encuentran, a pesar de la muerte, se produce algo maravilloso en todos los sentidos, así será.
Saramago, nos queda tu palabra, un beso, alma mía.

martes, 16 de febrero de 2010

Post para La Maga, Sabrina y la Marcela

Pocas veces expreso mi amor por las personas, pero ahora quiero hacerlo. En esta ocasión es para unas de tantas mujeres importatantes en mi vida, ya que mi universo femenino es muy amplio, pues vengo de una familia de puras viejas, ¡sí señor! Mi mamá, mis tres hermanas y mis tres hermosas sobrinas y bueno, qué decir de mis tías, hermanas de mi mamá, ah cómo me encanta oírlas hablar. Cada una de estas mujeres tiene un encanto especial que no terminaría de contarles, pero a todas las admiro y quiero, al igual que a todas mis amigas (las que realmente los son). El sábado tuve una fiesta de cumpleaños, pese a todos mis intentos por escapar de cualquier manifestación que tenga que ver con las relaciones sociales; mi idea sobre mi cumpleaños era irme de viaje sola y disfrutar de una tarde de sol, comer rico, caminar, ver, oler, sentir y dormir, para luego regresarme a casa muy relajada. Pero no contaba con unas viejas argüenderas que me insitieron mucho en hacer una reunión y embriagarnos hasta no saber de nosotras mismas. Ellas son La Maga, Sabrina y la Marcela, quienes casi pusieron todo lo de la fiesta y gracias a ellas se armó. Al final la que menos se puso borracha fui yo, porque andaba cuidando el changarro, pero me la pasé súper chido. Me encantan estas viejas porque me sacan de mi rincón jaja. Toda la semana había andado rara, pues sí me pegó la edad, y no quiero ni contar lo sensible que andaba; cuando vi que ellas organizaron todo casi lloro, pero no es novedad que yo sea tan chillona.
Muchas gracias pinches viejaaaaaaaaaaas. Las quiero mucho.
Aaaaah y felicidades a mi hemana Luz que también cumplió años y que nos la pasamos juntas, ¡qué chido!
Y claro que no se me olvida que Jos también participó en la ardua tarea de convencerme de hacer fiesta y llevó cosillas; graciaaaaas, aunque este post sea pa puras viejas.

jueves, 4 de febrero de 2010

Día de revelaciones

La gente que me rodea no entiende eso de las revelaciones en mi vida, la mayoría piensa que es algo así como un presentimiento o como que adivino el futuro y esas cosas, pero no, es algo más profundo, es un "chispazo" de conocimiento interior; algo que se me presenta de pronto, un descubrimiento de algo importante en mi vida, pero siempre hacia el centro, hacia mi interior. Mi amiga la Maga no termina de entender qué es eso, cómo es que experimento una revelación, cuando le cuento se queda sin decir palabras, sólo me escucha y después termina diciendo "vieja loca", pero respeta, eso sí, lo cual le agradezco porque reviento por contárselo a alguien; lo único que sabe es que es muy importante para mí y que viene un cambio, una transformación en mí, buena o mala; dolorosa o placentera.
Sólo hay una persona que yo conozco que ha expermentado lo mismo que yo, una amiga a la que quiero mucho y que está igual de loca, pero ella llega a lo mismo por diferentes caminos, a través de un trabajo espiritual; yo no, a mí me viene de repente, quién sabe por qué, pero están ahí de vez en cuando; a veces siento tanta belleza que no la aguanto, que me sobrepasa, eso es maravilloso; otras siento un dolor atroz, enloquecedor, aunque en ello hay algo de bello, pues descubro que algo tiene que morir o acabar, no importa que duela.
Hoy fue un día de esos en los que siento que estoy en otra parte, que alguien me puso en un lugar determinado, a una hora determinada, con ciertas personas, pero que mi esencia no está ahí. En la mañana, cuando mis pensamientos y mi alma son vírgenes, me topé con una persona que en un momento fue muy importante para mí. Desde lejos visualicé su silueta y lo reconocí, a mí nunca se me olvidan los rostros, claro que han pasado tantos años que lo vi muy viejo, acabado. Yo casi paso como un fantasma, pero creo que sintió mi mirada y se detuvo como asustado a saludarme. Me dijo las mismas palabras de siempre: ¿Cómo has estado? ¿Qué has hecho? ¿Todavía vives donde mismo? ¿Ya te casaste? Yo no pregunté nada, supe de inmediato que no era feliz, que algo muy pesado estaba sobre su ser y que se había resignado a eso; soy muy sensible a ciertas personas, a veces veo en ellas cosas que ni ellas mismas saben; tampoco sé por qué, pero lo percibo y casi siempre resulta ser cierto; yo creo que porque esas personas están conectadas conmigo de alguna manera, aunque sólo las haya visto una sola vez. Y es que en el mundo hay muchas fuerzas y espíritus comunes, es increíble cómo a veces platicas con alguien sólo unos minutos y sientes que has hablado con ella toda la vida, o puede suceder lo contrario, toda la vida conviviendo con alguien que muy apenas si conoces. Total, que le dio gusto verme, y realmente sé que fue así, aunque su rostro no lo expresara, quizá fuera por su cansancio de tanto vivir. Me dediqué a observarlo más que a hablar, tenía una belleza extraña, con su montón de arrugas gruesas, sus ojos caídos y sus manos con manchitas que reflejaban su edad; ya no era la persona fuerte y decidida que conocí; se veía tan débil que tuve unas ganas incontrolables de abrazarlo, pero me contuve, hubiera sido una ofensa para él, sólo lo tomé del brazo y me despedí, él se quedó mirándome un rato sin moverse, pues cuando me alejé, miré hacia atrás y me estaba viendo en la misma posición en que lo dejé; fue ahí cuando tuve la primera revelación del día, la cual no se completó hasta que sucedieron las otras.
En la tarde, ya en casa, recibí una llamada; también era una persona a la que no veía hace tiempo, pero esta vez era alguien muy desagradable, aaah, grité en silencio ¿por qué me pasa esto a mí? De cundo en cuando me despegaba el teléfono de la oreja, su voz me penetraba de una manera tan odiosa que era muy difícil para mí prestarle atención a sus palabras, entendía más el sonido que el contenido, hasta que me dijo: "¿y todavía sigues igual, así de enojona?" ¿Igual? Pensé, qué quiere decir con eso, no, pues no, no soy igual y en parte sí lo soy, qué pregunta tan tonta, solté un risita de fastidio, de esas que sirven para ocultar la frase: "chingas a tu puta madre". No sé cómo, pero colgué el teléfono unos minutos después de eso. Fue la segunda revelación.
Una característica que tengo, es que soy demasiado curiosa, siempre quiero saber; me desespero si no encuentro, si no aprendo algo nuevo, sí, trato de alcanzar el conocimiento, como si fuera extrictamente necesario para vivir, pero a veces es mejor no saber, el acercarte tanto a una verdad es peligroso, nunca sabes lo que podrás encontrar y somos tan diminutos en este mundo que con culquier cosa sentimos la enormidad, esa que te dice con una cachetada majestuosa que no eres la octava maravilla del planeta. Leí y leí, entre más lo hacía me iba identificando tanto con las situaciones que creí por un momento que leía y escribía mi biografía o que me estaban pasando en ese momento todas esas cosas juntas. Menos mal que soy tan distraída que de pronto se me ocurrió buscar otra cosa, una inquietud banal comparada con la anterior, pero fue en esa pendejada donde encontre la imagen, la que me hizo pedazos, algo tan simple, esas sonrisas de antaño, esas otras vidas que no conozco pero que son de mí desde ese momento y para siempre, sin poder evitarlo, ella, él, ya están en mi conciencia y no me gusta, no los quiero. En ese momento comprendí todo; tantas imágenes del pasado, de lo que pudo ser, del pasado de otras personas, de ese sabor a tierra cuando vi la imagen, con esa oquedad tan mía ya.
Estancamiento, pensé. Sí, tal vez sea mi sensación de no moverme, de ver pasar, de irme a un rinconcito, eso. Aunque mi amiga Zaira diga que yo hago muchas cosas y que he logrado mucho, no es así; una cosa es siempre andar en chinga, y otra cosa es hacer algo importante; lo importante puede ser tan simple, nada complejo. Ah qué intensidad, voy de prisa, pero no puedo moverme. Si he de ser práctica, debo empezar ya, no esperar más tiempo, es el momento.
Entre toda esta confusión y desesperación, siento en el fondo una pequeña felicidad que no puedo nombrar ni platicar. Sólo puedo expresar que es un viaje en tren, como en otra época, y regreso y ahí está y es mía y nadie la siente por mí.

lunes, 1 de febrero de 2010

sábado, 23 de enero de 2010

Registro del cielo





En estos días he tenido mucho trabajo, casi no he salido de la casa, llevo más de un mes, desde antes de navidad. Por esa razón, he dejado de hacer muchas cosas de las que me gustan, como leer, escribir y tomar fotos. Sin oportunidad de irme a un lugar chido para tomar fotos o de perdido vagar por las calles sin rumbo a ver qué me encuentro para fotografiarlo, decidí registrar mi cielo, es decir, el que veo cada cuando abro la puerta de mi casa. Entonces ya tengo muchísimas fotos de ese panorama en diferentes días, horas y climas. He aquí una muestra.
Con esto me doy cuenta que cada día es diferente, incluso cada minuto del día, es increíble cómo cambia todo en un momento. Me pasaba que veía el cielo y a los cinco minutos ya estaba diferente, las nubes tenían otra posición, el color era diferente, etc. Qué hermoso es nuestro mundo y qué sabio, a veces no nos detenemos en ver todo lo bello que hay a nuestro alrededor.







miércoles, 13 de enero de 2010


Llueve hacia el cielo
déjame las gotas de dolor
mójame lento
haz que se junten mis sentidos en el grito.
Llueve hacia el cielo
.................hacia el fuego
...........................hacia el viento
.....................................hacia adentro
Muy dentro.